El País Argentina

Soto de la Barca: el pueblo fantasma de Asturias tras cerrar la térmica

Soto de la Barca: el pueblo fantasma de Asturias tras cerrar la térmica
Imagen: xataka.com. Uso informativo; los derechos pertenecen a su titular.

Un pueblo nacido para una industria que desapareció

En el concejo de Tineo, en la zona suroccidental de Asturias, existe un pueblo abandonado conocido popularmente como el "Chernóbil asturiano". Se trata de Soto de la Barca, un lugar que concentra todos los servicios típicos de un municipio funcional: cine, escuela, club social con bar, piscina, consultorio médico y espacios deportivos. Sin embargo, desde 2020 se encuentra prácticamente deshabitado, congelado en el tiempo como un reflejo de lo que fue cuando albergaba a 500 vecinos. A diferencia de la ciudad ucraniana de Prípiat, que se evacuó de forma abrupta tras el desastre nuclear, Soto de la Barca se vació lentamente, nómina a nómina, cuando la central térmica que lo sustentaba cerró sus puertas.

Los inicios: de la visión empresarial a la prosperidad industrial

La historia de Soto de la Barca comienza con una idea del empresario Higinio González, quien soñaba con construir una central térmica para aprovechar los recursos carboníferos del suroccidente asturiano y el norte de León. González murió en 1960, pero su proyecto se materializó cinco años después. En 1965, Naturgy (entonces operadora de la central) inauguró la térmica de Narcea a orillas del río homónimo e inmediatamente levantó un poblado completo para alojar a los técnicos y trabajadores que la instalación requería.

El arquitecto Ramón Vázquez Molezún diseñó el conjunto urbanístico del pueblo, dotándolo de infraestructuras modernas para la época. La empresa creó chalets para los técnicos y bloques de viviendas para los obreros, junto con una estructura social pensada para albergar a aproximadamente 500 personas. En su apogeo, la central llegó a emplear a 250 trabajadores propios. Durante las décadas siguientes, especialmente entre 1969 y 1984, la instalación se expandió hasta contar con tres grupos generadores distintos, consolidando su posición como uno de los complejos industriales más importantes de la región.

La era de máxima producción y el declive inevitable

Durante los años 80 y 90, la central térmica de Narcea operaba a plena capacidad, suministrando electricidad a cientos de miles de hogares y negocios. El año 2000 marcó el pico de su producción, cuando generó 3.855 gigavatios-hora anuales. Los dos parques de almacenamiento de la instalación acumulaban 120.000 toneladas de carbón en stock permanente. Sin embargo, los cambios regulatorios europeos sobre emisiones de carbono y la transición hacia energías renovables comenzaron a presionar los resultados. Para 2014, la producción había caído drásticamente a apenas 916 gigavatios-hora. El deterioro fue progresivo: recortes de personal, reducción de turnos y la gradual pérdida de viabilidad económica se convirtieron en la realidad cotidiana del poblado.

El cierre de la central y sus consecuencias

El proceso de cierre comenzó en 2016 cuando se autorizó el desmantelamiento del grupo generador más antiguo y pequeño. En diciembre de 2018, Naturgy solicitó oficialmente el cierre del resto de la instalación, algo que ocurrió en junio de 2020. En ese momento, la central contaba con 81 empleados directos y 48 trabajadores de empresas auxiliares. La organización "Somos Tineo" contabilizó 180 empleos destruidos en total cuando se consideran todos los efectos indirectos sobre el territorio.

El abandono de Soto de la Barca fue silencioso pero inexorable. Sin un plan económico alternativo definido para la comarca, las familias emigraron hacia el centro de la región en busca de oportunidades laborales. Los bloques de viviendas se quedaron vacíos, las escuelas cerraron sus puertas y el cine quedó en silencio. En la actualidad, apenas 24 personas figuran censadas en el poblado, principalmente ancianos o propietarios que aún mantienen sus casas esperando un futuro mejor.

El intento fallido de rehabilitación

En un gesto de reconocimiento a la transición justa, Naturgy cedió formalmente el poblado al Ayuntamiento de Tineo mediante un acuerdo firmado en agosto de 2022. Posteriormente, en abril de 2023, el Instituto para la Transición Justa concedió una subvención de 3,5 millones de euros para financiar un proyecto integral de rehabilitación del lugar. El plan era revolucionario para la época: rehabilitar 14 viviendas unifamiliares y crear el primer "cohousing" o comunidad colaborativa impulsado directamente por un ayuntamiento en España. El proyecto obtuvo la puntuación más alta en toda la selección nacional.

Sin embargo, la ejecución se topó con obstáculos inesperados. El gobierno municipal que asumió en junio de 2023 heredó una situación complicada: los plazos para contratar los proyectos técnicos no se cumplieron hasta septiembre, lo que provocó retrasos acumulativos. Se requería un proyecto para la reforma de las viviendas y otro para la urbanización del poblado. El segundo nunca llegó: la empresa adjudicataria no presentó su trabajo y el proceso de licitación quedó desierto. Finalmente, en 2025, el consistorio devolvió los 3,5 millones sin poder ejecutar la inversión.

Un regalo envenenado: patrimonio sin presupuesto

El concejal de Urbanismo, Pablo Fernández, definió la cesión de Soto de la Barca como un "regalo envenenado". El motivo es claro: el poblado tiene declaración de patrimonio de interés cultural, lo que significa que su mantenimiento y conservación requieren inversiones continuadas en reparaciones estructurales. Además, la totalidad de la parcela se sitúa en zona de riesgo de inundación, complicando cualquier desarrollo futuro sin obras de defensa contra avenidas del río Narcea.

El Ayuntamiento ha sondado al Instituto para la Transición Justa sobre posibilidades alternativas: vivienda pública, espacios colaborativos, usos didácticos y dotaciones culturales. No obstante, a mediados de 2026, aún no existe un proyecto concreto sobre cómo proceder. La falta de recursos municipales y la complejidad técnica del terreno han paralizado cualquier iniciativa tangible.

El estado actual: deterioro, robos y abandono

Las casas y edificios de Soto de la Barca permanecen en pie, aunque en avanzado estado de deterioro. La humedad se filtra por las paredes, las grietas se multiplican y la vegetación silvestre trepa sin control por las fachadas. En el interior de chalets y bloques residen vestigios de la vida que alguna vez palpitó en el lugar: mobiliario de escuela, ropas abandonadas, libros, material médico e incontables objetos personales dispersos como si sus propietarios hubieran partido de forma precipitada.

Desde el inicio del desmantelamiento de la central térmica, los robos y los actos vandálicos no han cesado. En 2024 desapareció el busto de bronce de Higinio González que presidía la entrada principal del poblado. Los vecinos que aún residen allí tuvieron que retirar las campanas de cobre de la iglesia como medida preventiva ante el riesgo de sustracción. En junio de 2026, la puerta de la iglesia amaneció con una hoja destruida. Tras dos robos de cableado eléctrico, el párroco decidió dejar la iglesia sin suministro de luz para desalentar futuras intrusiones.

Voladuras y desmantelamiento: el final físico de la era industrial

El desmantelamiento de la central térmica incluyó dos espectaculares voladuras controladas. La primera tuvo lugar el 20 de diciembre de 2023, cuando la icónica torre de refrigeración se derrumbó con gran estruendo en televisión en directo, marcando el 60% del proceso de demolición. La segunda voladura, en septiembre de 2024, eliminó los restos residuales de la instalación. El desmantelamiento se completó finalmente en octubre de 2025.

Paralelamente, Naturgy presentó un proyecto técnico para reordenar el cauce del río Narcea e implementar defensas contra inundaciones que protejan la parcela. En febrero de 2024, el Principado de Asturias prometió crear un polígono empresarial en los terrenos liberados, aunque esta iniciativa aún no se ha materializado completamente.

Iniciativas de futuro y precedentes similares

Rubén Domínguez, investigador de la Universidad de Oviedo, ha abogado por una rehabilitación integral y respetuosa con el diseño original del poblado. Su argumento es que, si estuviera habitado, el conjunto adquiriría valor por sí solo como ejemplo de arquitectura industrial moderna. La prensa local ya compara Soto de la Barca con Perlora, la ciudad balnearia española ubicada en Carreño que se convirtió en pueblo fantasma hace dos décadas.

Perlora fue construida en 1954 como destino vacacional sobre 20 hectáreas con 274 edificaciones. Cerró en 2006 y hoy permanece en estado de abandono similar. Otro caso asturiano es A Paicega, que alojaba a los obreros que trabajaban en la construcción de la presa de Salime, contando con escuela, cantina, peluquería e incluso policía propia. Hoy se encuentra completamente vacía.

El precedente más extremo existe en Japón: la isla de Hashima llegó a albergar 5.259 habitantes en 1959 trabajando en minas de carbón durante 83 años. Cuando Mitsubishi cerró la explotación en enero de 1974, la isla se vació en poco más de tres meses. El último residente partió el 20 de abril de ese año. Paradójicamente, en 2015 Hashima fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Proyectos energéticos alternos en la comarca

La situación de Soto de la Barca contrasta con la de otras centrales térmicas de Naturgy. La central de La Robla, que empleaba a 300 trabajadores y cerró en julio de 2020 tras casi 50 años de operación, cuenta con un proyecto de reconversión más definido. Se presupuesta su desmantelamiento en 12,9 millones de euros, y Naturgy ha proyectado con Enagás una planta de producción de hidrógeno verde de 485 millones de euros y 485 megavatios de potencia. El arranque inicial se preveía para 2026, aunque los compromisos del sector en hidrógeno renovable experimentan constantemente retrasos, según admitió el consejero delegado de Naturgy en un foro sectorial celebrado en febrero de 2026.

En el caso específico de Narcea, en julio de 2026 el Ministerio para la Transición Ecológica adjudicó el nudo de red de 400 kilovoltios a la empresa La Barca Energía. El proyecto contempla construir una central hidroeléctrica de bombeo de 320 megavatios con una inversión superior a 400 millones de euros y generación de hasta 289 empleos durante un mínimo de 12 años. Sin embargo, este proyecto está orientado principalmente a aprovechar la capacidad de conexión eléctrica liberada por el cierre de la térmica, más que a revitalizar específicamente el poblado abandonado de Soto.

El futuro incierto de un patrimonio industrial congelado

Naturgy contabiliza 30 personas trabajando en el desmantelamiento de la central térmica de Narcea, aunque apenas ocho de ellas fueron incorporadas desde la lista del Instituto para la Transición Justa, y solamente una residía efectivamente en Tineo. Este dato ilustra la desconexión que existe entre los grandes proyectos de reconversión industrial y las comunidades locales que quedan rezagadas.

Hoy, Soto de la Barca permanece como un monumento involuntario a la transición energética española. Sus calles silenciosas, sus edificios deteriorados y sus servicios públicos obsoletos narran la historia de una comunidad que fue construida para servir a una industria y que desapareció cuando esa industria dejó de ser viable. El poblado asturiano espera, sin un plan claro, sin presupuesto definido y sin la atención política que requeriría una solución integral. La pregunta que permanece en el aire es si Soto de la Barca seguirá siendo un cadáver industrial congelado en el tiempo o si algún día volverá a la vida, habitado y valorado como patrimonio, tal como sugieren los expertos que podría ocurrir.

También en Tecnología

Criptomonedas

XRP $1.3000 ▼ 0.61%
Cardano (ADA) $0.2197 ▼ 2.16%
Dogecoin (DOGE) $0.0793 ▼ 1.15%
Bitcoin (BTC) $81,469 ▼ 0.02%

Divisas

EUR/USD1.1253
USD/JPY158.0200