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Experimento LZ detecta evento anómalo en búsqueda de materia oscura

Experimento LZ detecta evento anómalo en búsqueda de materia oscura
Imagen: xataka.com. Uso informativo; los derechos pertenecen a su titular.

Una búsqueda sin precedentes en las profundidades terrestres

En los últimos años, la comunidad científica internacional ha desplegado sofisticados instrumentos para desentrañar uno de los mayores misterios del universo: la naturaleza de la materia oscura. Entre los más notables se encuentra LUX-ZEPLIN, o LZ, una colaboración de investigadores que ha instalado un colosal detector a casi 1.500 metros bajo tierra. Este laboratorio subterráneo alberga siete toneladas de xenón líquido activo, rodeado por múltiples capas de blindaje diseñadas para filtrar cualquier interferencia externa que pueda contaminar los resultados.

La razón de esta extraordinaria profundidad radica en la naturaleza elusiva de las partículas que LZ intenta captar. Los WIMPs, o partículas masivas de interacción débil, son candidatos propuestos para explicar qué constituye la materia oscura. Sabemos que esta sustancia invisible existe gracias a sus efectos gravitatorios en las galaxias y cúmulos galácticos. De hecho, la materia oscura representa aproximadamente el 85% de toda la materia del universo, pero su composición exacta sigue siendo uno de los grandes enigmas de la física moderna.

Cómo funciona el revolucionario detector LZ

El dispositivo experimental emplea un mecanismo ingenioso para detectar posibles interacciones con materia oscura. Cuando una partícula deposita energía en el xenón líquido, genera dos señales distintivas que los científicos pueden analizar. La primera, denominada S1, es un destello luminoso producido por la ionización directa del xenón. Seguidamente, los electrones liberados son transportados hacia la parte superior del detector mediante un campo eléctrico controlado, donde generan una segunda señal conocida como S2.

Los fotomultiplicadores registran ambas señales y, mediante el análisis comparativo de su intensidad y el intervalo temporal que las separa, los investigadores pueden reconstruir la ubicación exacta donde ocurrió la interacción. Esta información es crucial porque permite determinar qué tipo de evento tuvo lugar, diferenciando entre interacciones nucleares genuinas y el ruido de fondo producido por radiación ambiental o procesos de dispersión electrónica habitual.

Datos y metodología del análisis presentado en 2026

El nuevo análisis del experimento LZ, presentado en septiembre de 2026, se basó en datos recopilados durante 220 días de observación efectiva, comprendidos entre marzo de 2023 y abril de 2024. Los investigadores utilizaron un volumen fiducial de 4,71 toneladas de xenón puro, acumulando un total de 2,84 toneladas-año de exposición. Tras aplicar todos los criterios de selección y filtrado de datos, la muestra científica definitiva constó de 1.710 eventos distinguibles.

Los análisis estadísticos iniciales demostraron que el panorama general no mostraba incompatibilidad significativa con los modelos teóricos empleados. Sin embargo, cuando los investigadores examinaron con mayor detalle cómo se distribuían esos eventos individuales, descubrieron algo desconcertante. Una anomalía particular no terminaba de ajustarse a las explicaciones convencionales, generando un debate considerable dentro de la comunidad científica.

El evento anómalo del 16 de junio de 2023

Todo se remonta al 16 de junio de 2023, cuando el detector LZ registró un evento que entonces pasó desapercibido pero que adquiere ahora relevancia especial a la luz del nuevo análisis de 2026. Esta nueva investigación amplió la búsqueda hacia retrocesos nucleares de mayor energía, precisamente el rango donde emergió esta anomalía. La interacción resultó ser compatible con un retroceso nuclear de aproximadamente 248 kiloelectronvoltios, sugiriendo que un núcleo de xenón habría recibido energía y retrocedido dentro del detector.

Particularmente intrigante fue que la señal se ubicaba mucho más cerca de la banda esperada para retrocesos nucleares verdaderos que de la población habitual de retrocesos electrónicos, que constituyen el fondo más frecuente en este tipo de experimentos. Esta característica hizo que el evento resultara más consistente con una interacción de una partícula de materia oscura que con procesos de ruido ordinario.

La exhaustiva búsqueda de explicaciones convencionales

Ante este hallazgo inusual, el equipo de investigación emprendió una investigación sistemática para encontrar una explicación ordinaria que pudiera justificar el evento. Examinaron múltiples posibilidades: si podría atribuirse a radiactividad residual, a la dispersión de neutrones, a interacciones de neutrinos, a coincidencias accidentales o a algún efecto instrumental capaz de simular una interacción nuclear auténtica.

Durante meses, los investigadores revisaron minuciosamente las circunstancias específicas de aquel momento. Verificaron que una fuente de cobalto-57 había sido retirada apenas 25 minutos antes del evento, pero comprobaron que estaba ubicada al lado opuesto del detector, sin mostrar ninguna población anómala correlacionada. También confirmaron que no había pasado ningún muón por la cámara recientemente, descartando así esa fuente potencial de contaminación. A pesar de esta investigación exhaustiva y rigurosa, no identificaron ninguna causa convencional que pudiera considerarse una explicación probable.

¿Descubrimiento o anomalía estadística?

La ausencia de una causa convencional convincente no transforma automáticamente este evento en prueba de materia oscura. Sin embargo, el nuevo análisis estaba específicamente diseñado para explorar interacciones de mayor energía, incluyendo aquellas que ciertos modelos teóricos de WIMPs predicen que deberían producir. El hecho de que se encuentre un evento compatible con estas predicciones resulta intrigante, aunque no concluyente.

Es importante enfatizar que LZ ha identificado un evento compatible con determinados modelos de materia oscura, pero no ha conseguido identificar de forma inequívoca la partícula responsable ni tampoco ha medido su masa. La tensión estadística con la hipótesis de que todo se deba simplemente a ruido de fondo alcanza un máximo local de 3,4 sigma. Sin embargo, al corregir por el efecto de búsqueda múltiple (lo que se conoce como

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