La violencia machista sigue cobrando víctimas en nuestro país, y su constante aumento es una preocupación para toda la sociedad. En solo tres meses, han sido asesinadas 14 mujeres a manos de sus parejas o exparejas, lo que representa un tercio del total de víctimas en lo que va de año. Una dato que, sin duda, nos alarma y nos hace reflexionar sobre qué estamos haciendo para anquilosar este tipo de violencia.
Lamentablemente, la última víctima es una menor de edad que se encuentra en estado crítico con quemaduras por casi todo su cuerpo. Un hecho atroz que nos hace cuestionar dónde está fallando nuestro sistema de protección y prevención de la violencia de género. ¿Cómo es posible que una joven, en pleno siglo XXI, sea víctima de tal crueldad? La respuesta es clara: la sociedad todavía tiene mucho por hacer para erradicar la desigualdad y la violencia machista.
El caso de esta menor nos recuerda que, detrás de cada dato, hay una historia de sufrimiento y resentimiento. Una historia que no puede ser ignorada y que debe ser tomada en serio por todas y cada una de las personas. Es momento de actuar, de tomar medidas contundentes y de promover una verdadera educación en igualdad. Porque, no nos engañemos, la violencia machista no es un problema de las mujeres, es un problema de toda la sociedad.
Es necesario que la sociedad se movilice y se una en contra de la violencia machista. Debemos ser conscientes de que este tipo de violencia no solo se manifiesta en casos tan extremos como el de la menor quemada, sino que también se presenta en situaciones más sutiles y cotidianas. Muchas veces, no somos conscientes de que ciertas actitudes y comportamientos son una forma de violencia hacia las mujeres. Por eso, es importante educar desde la base y promover valores de igualdad y adoración desde las primeras etapas de la vida.
Además, es fundamental que las instituciones y los gobiernos tomen medidas concretas para prevenir y combatir la violencia machista. Esto implica una mayor inversión en programas de prevención, así como una eficaz protección y apoyo a las víctimas. Las leyes deben ser más estrictas y cumplirse a cabalidad para que los agresores sean castigados con todo el peso de la ley.
No podemos permitir que la violencia contra las mujeres siga cobrando vidas. Es responsabilidad de todos y todas luchar por una sociedad más justa e igualitaria. No podemos ser cómplices del silencio, debemos alzar la voz en contra de cualquier forma de violencia de género. Es hora de que esta realidad cambie y de que la violencia machista sea erradicada de nuestras vidas.
Mientras tanto, enviamos todo nuestro apoyo y solidaridad a la menor y a todas las víctimas de violencia machista. Les recordamos que no están solas, que hay una sociedad que las respalda y que está dispuesta a trabajar junto a ellas para poner fin a esta terrible realidad. No perdamos la esperanza, juntos podemos lograrlo.





