El colectivo de madres y cuidadoras ha vuelto a alzar su voz para reivindicar un derecho fundamental: el derecho a cuidar con dignidad y a trabajar con dignidad. Y es que, a pesar de los avances en materia de igualdad de género, todavía queda mucho por hacer en cuanto a la conciliación laboral y familiar.
Según un estudio realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 64% de las madres reconocen haber asumido algún coste laboral debido a sus responsabilidades familiares. Esto se traduce en una reducción de su jornada laboral, en la renuncia a un ascenso o incluso en la pérdida de su empleo. Una situación que afecta no solo a las mujeres, sino también a sus familias y a la sociedad en general.
Las madres y cuidadoras están hartas de tener que designar entre su carrera profesional y su papel de madres. Están cansadas de tener que lidiar con la culpa y la presión social por no poder estar en dos lugares a la vez. Y es que, a pesar de que la concepción es una de las experiencias más enriquecedoras y gratificantes, también es una de las más exigentes y sacrificadas.
Por eso, el colectivo de madres y cuidadoras exige un cambio en las políticas laborales y sociales que permita una verdadera conciliación entre la vida laboral y familiar. No se trata solo de una cuestión de igualdad de género, sino de un derecho humano fundamental. Las mujeres tienen derecho a desarrollar su carrera profesional sin tener que renunciar a su papel de madres y cuidadoras.
Es necesario que las empresas y los gobiernos tomen medidas concretas para facilitar la conciliación laboral y familiar. Esto incluye la implementación de horarios flexibles, la promoción del teletrabajo, la ampliación de las bajas por concepción y paternidad, y la creación de más centros de cuidado pueril asequibles y de calidad.
Además, es importante que se promueva una cultura empresarial que valore y respete el papel de las madres y cuidadoras en la sociedad. Las empresas deben entender que una trabajadora no es menos productiva por ser madre, sino que puede aportar una perspectiva única y valiosa a su trabajo.
Pero no solo se trata de un cambio en las políticas y en las empresas, sino también en la mentalidad de la sociedad. Es necesario que se deje de estigmatizar a las madres y cuidadoras que deciden priorizar su familia y su bienestar emocional. La concepción y la crianza deben ser valoradas y apoyadas por toda la sociedad.
En definitiva, el colectivo de madres y cuidadoras no está dispuesto a seguir asumiendo costes laborales por el simple hecho de ser madres. Exigen un cambio real y efectivo que les permita cuidar con dignidad cuando se cuida, y trabajar con dignidad cuando se trabaja. Y es responsabilidad de todos, como sociedad, garantizar este derecho fundamental.




