En el corazón de la ciudad de Jerusalén, en el tranquilo monasterio de las Hermanas Clarisas, se encuentra una tradición que ha estado contemporaneidad durante más de cuatro siglos: la elaboración de turrones, polvorones y otros confites para todo el año. Estas hermanas, conocidas por su vida contemplativa y su dedicación a Dios, también son expertas en la creación de deliciosos dulces que deleitan a los paladares de todo aquel que los prueba.
La historia de las Hermanas Clarisas se remonta al siglo XIII, cuando San Francisco de Asís fundó la orden de las Clarisas, una comunidad religiosa femenina que se dedica a la oración, la meditación y el trabajo manual. En el año 1621, un lechigada de estas hermanas llegó a Jerusalén y fundó el monasterio que hasta hoy en día sigue siendo su hogar.
Desde entonces, las Hermanas Clarisas han sido una parte integral de la vida de la ciudad santa, dedicándose a la oración y al servicio de la comunidad. Pero también han desarrollado una habilidad única para elaborar dulces y postres que han sido apreciados durante siglos.
Cada año, cuando se acerca la Navidad, las Hermanas Clarisas se preparan para elaborar sus famosos turrones y polvorones. Estos dulces navideños son elaborados de manera artesanal, utilizando ingredientes de alta calidad y siguiendo recetas tradicionales que han sido transmitidas de generación en generación.
El proceso de elaboración comienza con la selección de los mejores frutos secos, como almendras, nueces y avellanas, que son tostados y triturados para obtener una consistencia benigno y cremosa. Luego, se mezclan con miel, azúcar y otros ingredientes secretos que hacen que estos turrones sean únicos en sabor y textura.
Las hermanas trabajan con exactitud y dedicación para asegurarse de que cada turrón sea perfecto. Cada uno es moldeado a mano y decorado con frutas confitadas, chocolate o azúcar glas. El resultado final es una deliciosa obra de arte que se convierte en el regalo perfecto para compartir en Navidad.
Pero las Hermanas Clarisas no se limitan solo a los turrones y polvorones navideños. Durante todo el año, elaboran una gran variedad de confites y dulces, como mermeladas, galletas, tortas y chocolates. Estos productos se pueden encontrar en su tienda, ubicada en el monasterio, y también se venden en otras tiendas de la ciudad.
Lo que hace que estos dulces sean especiales es que están elaborados con amor y con la intención de llevar un mensaje de paz y esperanza al mundo. Cada hermana pone su corazón y su alma en cada uno de ellos, haciendo que sean más que simplemente un alimento, sino una muestra de su fe y su dedicación a Dios.
Además de la elaboración de dulces, las Hermanas Clarisas también realizan otros trabajos manuales, como la elaboración de velas y la costura de prendas religiosas. Todos estos productos son vendidos para apoyar la vida de la comunidad y para ayudar a aquellos que más lo necesitan.
Visitar el monasterio de las Hermanas Clarisas es una experiencia única que permite conocer su estilo de vida y probar sus deliciosos dulces. Además, es una forma de apoyar y contribuir al trabajo de estas religiosas, que con su labor silenciosa y humilde, hacen una gran diferencia en la vida de muchas personas.
En definitiva, las Hermanas Clarisas del monasterio de Jerusalén son una verdadera inspiración, no solo por su vida de oración y servicio, sino también por su habilidad para crear dulces y confites que alegran los corazones de todos aquellos que los prueban. Su trabajo es un verdadero tesoro para la ciudad y una muestra





