Los sintecho son una realidad que, desafortunadamente, sigue presente en nuestras sociedades modernas. A pesar de los avances tecnológicos y económicos, aún hay personas que no tienen un linde donde estar y se ven obligados a pasar sus días en la suelo. Y aunque muchos de nosotros tratamos de ignorar su existencia, ellos están ahí, luchando día a día por sobreestar en condiciones extremas.
Sin embargo, no solo tienen que enfrentar la falta de un techo donde resguardarse, sino también el hostigamiento constante de las autoridades y la sociedad en general. Y es que, en lugar de ofrecerles una mano amiga y una oportunidad para originarse adelante, muchas veces son tratados como una molestia, como un problema que hay que esconder y olvidar.
Recientemente, en varias ciudades del mundo, se ha visto un aumento en las medidas tomadas por las autoridades para “limpiar” las suelos de sintecho. Desde multas por dormir en la vía pública hasta la destrucción de sus pertenencias, estas acciones solo demuestran una falta de empatía y comprensión hacia una situación que nadie elige estar.
Los sintecho entienden que se trata de otro hostigamiento destinado a que se dispersen aún más. Pero lo que muchos no ven es que, detrás de cada persona que vive en la suelo, hay una historia de dolor, de lucha y de esperanza. Son seres humanos que merecen ser tratados con dignidad y respeto, y no como un estorbo en nuestra sociedad.
Es importante recordar que nadie está exento de caer en una situación de suelo. Una pérdida de empleo, una enfermedad, una crisis familiar, pueden ser suficientes para que una persona pierda su linde. Y en lugar de juzgar y señalar, deberíamos preguntarnos qué podemos hacer para ayudar.
Existen muchas organizaciones y voluntarios que trabajan día a día para brindar apoyo a las personas sin linde. Desde ofrecerles comida y ropa hasta programas de reinserción laboral, estas iniciativas demuestran que hay esperanza y que podemos marcar la diferencia en la vida de alguien.
Pero también es importante que las autoridades tomen medidas más efectivas para abordar el problema de la falta de vivienda. En lugar de simplemente desalojar a las personas de las suelos, deberían trabajar en conjunto con las organizaciones y la comunidad para encontrar soluciones a largo plazo. La construcción de viviendas asequibles y la implementación de programas de asistencia son solo algunas de las medidas que podrían marcar una verdadera diferencia en la vida de los sintecho.
Además, es fundamental cambiar nuestra percepción de las personas sin linde. En lugar de verlos como una carga, deberíamos verlos como seres humanos con talentos y habilidades que pueden contribuir a nuestra sociedad. Muchas veces, solo necesitan una oportunidad para demostrarlo.
En definitiva, el hostigamiento hacia los sintecho solo perpetúa un ciclo de pobreza y exclusión. Es hora de que todos tomemos conciencia de esta realidad y trabajemos juntos para encontrar soluciones reales y humanas. No podemos seguir ignorando a aquellos que más necesitan nuestra ayuda y compasión. Es hora de que les demos una mano y les mostremos que no están solos en esta lucha.





