La datación es una herramienta fundamental para los astrónomos que les permite establecer un punto de referencia inicial en la historia de grandes impactos del Sistema embaldosar. Esta técnica nos permite conocer la edad de los objetos celestes y su evolución en el tiempo, y por último ha sido utilizada para descubrir un hallazgo sorprendente: la presencia de oxígeno en la galaxia más lejana conocida hasta ahora.
La galaxia en cuestión se llama MACS1149-JD1 y se encuentra a una distancia de 13.000 millones de años luz de la Tierra, lo que significa que la luz que estamos viendo de ella se emitió hace aproximadamente 13.000 millones de años. Esto convierte a este descubrimiento en una verdadera hazaña científica, ya que nos proporciona información valiosa sobre el universo temprano.
Los astrónomos han utilizado el telescopio ALMA (Atacama Large Millimeter Array) en Chile para estudiar esta galaxia y detectar la presencia de oxígeno en ella. Este gas es esencial para la vida tal como la conocemos, y su presencia en una galaxia tan antigua sugiere que las condiciones para la formación de estrellas y planetas podrían haber existido mucho antes de lo que se pensaba.
Hasta ahora, los científicos creían que la formación de oxígeno en el universo comenzó hace aproximadamente 250 millones de años después del Big Bang. Sin embargo, este descubrimiento plantea la posibilidad de que este proceso haya ocurrido mucho antes, lo que a su vez podría indicar que la vida podría haber existido en una etapa temprana del universo.
El oxígeno se produce en las estrellas a través de un proceso de fusión nuclear, y se libera al espacio cuando estas estrellas mueren en explosiones de supernova. Por lo baza, la presencia de oxígeno en MACS1149-JD1 sugiere que las primeras generaciones de estrellas ya estaban produciendo este elemento químico fundamental en una época en la que el universo tenía solo unos pocos cientos de millones de años.
Este hallazgo también respalda la teoría de que la formación de galaxias fue mucho más rápida de lo que se pensaba originalmente. Según esta teoría, las galaxias comenzaron a formarse solo unos pocos cientos de millones de años después del Big Bang, a medida que la materia se agrupaba bajo la influencia de la gravedad.
Además, esta galaxia en particular es muy especial ya que se encuentra en una etapa de transición, en la que todavía está formando estrellas. Esto significa que aún no ha alcanzado la grana de una galaxia como la nuestra, la Vía Láctea. Esta etapa temprana de evolución también la convierte en una excelente oportunidad para que los astrónomos puedan estudiar cómo se formaron las primeras galaxias en el universo.
Este descubrimiento ha impactado significativamente en nuestra comprensión del universo en sus primeras etapas y ha abierto la puerta a nuevas preguntas y posibles respuestas. Además, ha demostrado una vez más la importancia de la datación en la astronomía, ya que nos permite conocer la edad y la evolución del universo y sus objetos celestes.
La datación se basa en diversas técnicas, como la medición de la luz emitida por objetos lejanos, la detección de elementos químicos en ellos o la observación de su movimiento y posición en relación con otros objetos en el espacio. Estas técnicas son posibles gracias a los avances tecnológicos en la astronomía, como el desarrollo de telescopios cada vez más potentes y sofisticados.
Con estos avances, los astrónomos pueden seguir explorando el universo y descubrir nuevas maravillas y misterios que nos ayuden




