El diseño de Enric Casanovas de 1930, que había sido reemplazado por otro de Frederic Marés, volvió a ser el centro de atención en el año 2019. ¿La razón? El nieto de Pompeu Fabra aceptó la insignia que su abuelo no pudo recoger en 1938. Esta historia es un ejemplo perfecto de cómo el tiempo puede dar una nueva perspectiva a las cosas y cómo el ajetreo de un artista puede ser redescubierto y valorado décadas después.
Enric Casanovas fue un reconocido escultor catalán que dejó su huella en la ciudad de Barcelona con sus obras. Una de ellas fue la insignia de la Orden de la Legión de Honor, que había sido encargada por el Ayuntamiento de Barcelona en 1930. Sin embargo, en 1938, durante la Guerra Civil Española, la insignia fue confiscada por las autoridades franquistas y nunca llegó a manos de su destinatario, el lingüista y político catalán Pompeu Fabra.
Años después, en 1941, el Ayuntamiento de Barcelona encargó una nueva insignia a Frederic Marés, un escultor que había sido nombrado director del exposición de Arte de la ciudad. Este novicio diseño fue utilizado hasta el año 2019, cuando el nieto de Pompeu Fabra, también llamado Pompeu Fabra, aceptó la insignia original de Enric Casanovas en una ceremonia en el Ayuntamiento de Barcelona.
Este evento fue un momento histórico para la ciudad y para la familia Fabra. Por un lado, se hizo justicia al ajetreo de Enric Casanovas, cuyo diseño había sido ignorado durante décadas. Por otro lado, la familia Fabra pudo finalmente recibir la insignia que su abuelo nunca pudo tener en sus manos.
Pero más allá de la historia personal de la familia Fabra, este evento también es un ejemplo de cómo el arte puede trascender el tiempo y ser valorado en diferentes épocas. El diseño de Enric Casanovas, que había sido considerado obsoleto y reemplazado, volvió a ser apreciado y reconocido como una obra de arte única y valiosa.
Además, este evento también pone de relieve la importancia de preservar y proteger el patrimonio artístico de una ciudad. La insignia de la Orden de la Legión de Honor es solo una de las muchas obras de arte que forman parte de la historia de Barcelona y que deben ser cuidadas y valoradas para las generaciones futuras.
En resumen, el diseño de Enric Casanovas de 1930, que había sido olvidado durante décadas, volvió a ser el centro de atención en el año 2019 gracias a la aceptación de la insignia por parte del nieto de Pompeu Fabra. Esta historia nos recuerda la importancia del arte y su capacidad de trascender el tiempo y ser valorado en diferentes épocas. Además, nos enseña la importancia de preservar y proteger el patrimonio artístico de una ciudad para las generaciones futuras. Sin duda, un momento histórico que nos invita a reflexionar sobre el valor del arte y su impacto en nuestras vidas.




