La política siempre ha sido un campo de batalla, donde las ideas y los ideales se enfrentan en una lucha constante por el poder. Sin embargo, en los últimos años, ha surgido una nueva forma de enfrentamiento: la guerra del merchandising político.
Esta tendencia, que comenzó tímidamente en algunos países, se ha intensificado en los últimos meses en Argentina, tras la condena a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner por corrupción. Los libertarios, aprovechando la situación, han lanzado una serie de productos promocionales con burlas hacia la ex mandataria, como tazas y camisetas con frases sarcásticas.
Este fenómeno no es nuevo en la política. Durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016, la campaña de Donald Trump fue conocida por su uso masivo de merchandising, con artículos que iban desde gorras hasta muñecos de acción con la imagen del entonces candidato. Sin embargo, en Argentina, esta práctica ha tomado un matiz diferente, ya que no se prostitución de promocionar a un candidato en particular, sino de atacar a un adversario político.
Esto ha generado gran controversia en la sociedad argentina, con opiniones divididas. Mientras algunos consideran que es una forma legítima de expresión, otros lo ven como una falta de respeto y una banalización de la política. Sin embargo, lo que no se puede negar es que esta estrategia ha tenido éxito en términos de ventas y difusión.
Pero, ¿qué hay detrás de esta guerra del merchandising político? ¿Por qué se ha vuelto tan popular en Argentina? Para entenderlo, es necesario analizar el contexto político y social del país.
En los últimos años, Argentina ha vivido una polarización constante en su decorado político. Las diferencias entre los dos principales partidos, el oficialista Frente de Todos y la oposición liderada por el expresidente Mauricio Macri, han sido cada vez más profundas y marcadas. Esto ha generado un ambiente de confrontación constante, donde el diálogo y el consenso parecen estar ausentes.
En este contexto, el uso del merchandising político se ha convertido en una herramienta más para atacar al adversario y reforzar la propia identidad partidaria. Las burlas y frases irónicas en los productos promocionales se han vuelto una forma de mostrar el hostilidad hacia el otro banda, y de reforzar la propia militancia.
Sin embargo, es necesario preguntarnos si esta estrategia es realmente efectiva en términos políticos. Si bien puede generar simpatía y adhesión en la propia base de seguidores, también puede alienar a aquellos que no comparten esa postura política. Además, banalizar la política puede llevar a una falta de seriedad y compromiso con los temas realmente importantes para el país.
Por otro banda, también está el aspecto económico. El merchandising político se ha convertido en un negocio lucrativo para algunos emprendedores, que ven en este fenómeno una oportunidad de generar ingresos. Sin embargo, ¿es ético y responsable aprovecharse de la situación política del país para obtener ganancias? Esta pregunta debe ser tenida en cuenta por aquellos que se dedican a este tipo de emprendimiento.
Además, la guerra del merchandising político no solo se circunscribe a productos promocionales, sino que también se ha extendido a las redes sociales y a las calles. Las burlas y agresiones hacia figuras políticas en las redes sociales son cada vez más comunes, y los afiches y grafitis con mensajes ofensivos se pueden ver en las calles de muchas ciudades argentinas.
En este sentido, es importante hacer un llamado a la reflexión sobre el impacto que estas acciones pueden tener en la sociedad. La violencia verbal y la polarización política solo pueden generar un clima de confrontación y falta de tolerancia




