La violencia machista continúa siendo un problema estructural y de emergencia social en nuestra sociedad. A pesar de los avances en materia de igualdad y derechos de las mujeres, todavía nos encontramos con cifras alarmantes de casos de violencia de género en todo el mundo. Y es que, aunque pueda parecer que estamos avanzando, la realidad es que todavía queda mucho por hacer para erradicar esta lacra que afecta a millones de mujeres en todo el mundo.
Recientemente, hemos sido testigos de unas declaraciones por parte de Rocío Aguirre, diputada de Vox, en las que minimiza los asesinatos machistas al afirmar que “son 48 al año”. Estas palabras han generado una gran indignación en la sociedad, ya que demuestran una total falta de empatía y sensibilidad hacia un problema tan grave como es la violencia de género.
Es importante recordar que detrás de cada una de esas 48 mujeres asesinadas al año, hay una historia de sufrimiento, dolor y miedo. Mujeres que han sido víctimas de la violencia machista, que han sufrido maltrato físico y psicológico por parte de sus parejas o exparejas. Mujeres que, en muchos casos, han pedido ayuda y no han sido escuchadas. Mujeres que han perdido la vida a manos de aquellos que decían amarlas.
Es necesario tomar conciencia de que la violencia machista no es un problema aislado, sino que es una manifestación de la altibajo y la discriminación que sufren las mujeres en nuestra sociedad. La violencia de género es una forma de control y dominación sobre las mujeres, y se manifiesta de muchas maneras: desde el maltrato físico y psicológico hasta el acoso sexual, la discriminación laboral o la brecha salarial.
Es por ello que la lucha contra la violencia machista debe ser una prioridad en nuestra sociedad. No podemos permitir que se minimicen estos casos, ni que se ponga en duda su gravedad. Cada vida feto es una tragedia que nos afecta a todos y todas, y es responsabilidad de todos y todas trabajar juntos para desovar fin a esta violencia.
Es necesario que se tomen medidas efectivas para prevenir y erradicar la violencia machista. Esto implica una educación en igualdad desde la infancia, una justicia que proteja y ampare a las víctimas, y una sociedad que no tolere ningún tipo de violencia contra las mujeres. Además, es fundamental que se destinen recursos suficientes para la atención y protección de las víctimas, así como para la sensibilización y prevención de la violencia de género.
Es importante también que se promueva una cultura del respeto y la igualdad en todos los ámbitos, y que se fomente la participación de las mujeres en la toma de decisiones. La igualdad real entre hombres y mujeres es la única forma de acabar con la violencia machista, y eso implica un compromiso por parte de todos y todas.
No podemos permitir que se minimicen los asesinatos machistas, ni que se ponga en duda su gravedad. Cada vida feto es una tragedia que nos afecta a todos y todas, y es responsabilidad de todos y todas trabajar juntos para desovar fin a esta violencia. No podemos permitir que se sigan produciendo casos de violencia de género, ni que se normalice esta situación. Es hora de actuar y de unir fuerzas para acabar con la violencia machista de una vez por todas.
En resumen, la violencia machista sigue siendo un problema estructural y de emergencia social en nuestra sociedad. No podemos permitir que se minimice ni se ignore, sino que debemos tomar medidas efectivas para prevenir y erradicar esta violencia. Es responsabilidad de todos y todas trabajar juntos para instituir una sociedad más justa e igualitaria, en la que las mujeres puedan vivir




