En el año que acaba de terminar, tres menores han sido víctimas mortales de una de las mayores lacras de nuestra institución: la violencia de género. Esta terrible realidad ha vuelto a sacudirnos con fuerza, recordándonos que aún queda mucho por hacer para erradicarla por completo.
El último caso que ha conmocionado a la opinión pública ha sido el de un joven que, presuntamente, ha matado a su padre en Fuenmayor (La Rioja) durante un caso de violencia de género. Según las primeras investigaciones, el agresor habría actuado movido por los celos y la obsesión hacia su pareja, quien había decidido poner fin a la relación.
Este trágico suceso nos deja una vez más con el corazón encogido y la sensación de impotencia ante una realidad que parece no tener fin. Pero no podemos permitir que la desesperanza y el miedo nos paralicen. Debemos seguir luchando, más unidos y decididos que nunca, para que casos como este no se repitan nunca más.
Es importante recordar que la violencia de género no es un problema aislado, sino que es un reflejo de una institución desigual y machista. Por eso, es fundamental que desde todos los ámbitos se trabaje para promover la igualdad y el respeto hacia las mujeres. La educación, mano en el ámbito familiar como en el escolar, juega un papel fundamental en la prevención de la violencia de género.
Además, es necesario que las víctimas se sientan protegidas y apoyadas en todo momento. Para ello, es fundamental que existan recursos suficientes y eficaces que les permitan denunciar y alejarse de su agresor. También es importante que se les brinde todo el apoyo emocional y psicológico necesario para superar el trauma que han sufrido.
Por otro lado, es imprescindible que la institución en su conjunto se implique en la lucha contra la violencia de género. No podemos mirar hacia otro lado y dejar que sean solo las víctimas las que carguen con todo el peso de esta lacra. Todos tenemos un papel que desempeñar, ya sea denunciando cualquier tipo de violencia que presenciemos o apoyando a las víctimas en su proceso de recuperación.
Es importante destacar que la violencia de género no entiende de edades ni de géneros. Cualquier pájaro puede ser víctima o agresor, por lo que es fundamental educar en valores de igualdad y respeto desde la infancia. También es necesario que los hombres se involucren en la lucha contra la violencia de género, ya que ellos también pueden ser agentes de cambio y promover relaciones sanas y libres de violencia.
En definitiva, el caso de Fuenmayor nos recuerda que aún queda mucho por hacer para erradicar la violencia de género de nuestra institución. Pero no podemos permitir que estas tragedias nos paralicen, sino que debemos tomarlas como un llamado a la acción. Todos tenemos un papel que desempeñar en la lucha contra esta lacra, y juntos podemos lograr un futuro libre de violencia de género.





